Capricornio y su salud

La mujer Capricornio y su salud

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La mujer Capricornio es activa y trabajadora, como el hombre del signo, lo que le permite escapar a la angustia que experimentaría si se encontrara sola, abandonada a sí misma y a la ociosidad.

Encontramos en ella la misma constitución artrítica e idéntica predisposición al reuma, a los trastornos circulatorios, a las reacciones alérgicas y a los trastornos intestinales. Pero la mujer Capricornio, como el hombre del signo, no da importancia a sus molestias y rara vez guarda cama.

Si acude al médico es para que la tranquilice y le levante el ánimo. Sólo confía en quien le confiesa su ignorancia o toma sus problemas a la ligera; en caso contrario, su suspicacia la llevará a interpretar trágicamente la más pequeña alusión a una enfermedad.

Es propensa a la esclerosis y a la autointoxicación, por lo que debe vigilar el conjunto de las funciones hepáticas, intestinales y renales.

Es muy sensible al frío y el ruido la vuelve irritable. Necesita imperiosamente el silencio, la paz de los bosques y el sueño, y siente deseos homicidas hacia los que de una manera u otra perturban uno de sus medios de recuperarse biológicamente. Por ello, es absolutamente indispensable que aprenda a relajarse.

Debe luchar contra su tendencia a comer más de lo que necesita, mecanismo inconsciente mediante el que trata de compensar sus frustraciones. Es capaz de prescindir de muchas cosas, de casi todo, a condición de estar sola. En la soledad da satisfacción a la faceta ascética de su personalidad.

La mayoría de los deportes le cansan demasiado, no le gusta correr y se queda pronto sin aliento. Debe imponerse, no obstante, algunos minutos de ejercicio físico cada día, aunque sólo sea pasear un poco. Pero ha de evitar hacer siempre los mismos movimientos. Le conviene toda clase de ejercicios de flexibilidad.

Como el nativo del signo, debe evitar el alcohol, las carnes en salsa, la grasa y los embutidos. Puede comer huevos, leche y queso (necesita calcio), yogur (que beneficia a sus intestinos y a su silueta) y demás productos lácteos.

Aunque es friolera, debe evitar los ambientes demasiado caldeados: es mucho mejor para su organismo que se abrigue más y que ponga en juego sus defensas naturales. Le están aconsejados todos los alimentos naturalmente diuréticos.

El hombre Capricornio y su salud

El hombre Capricornio y su salud
Como el hombre Capricornio está dotado de una buena resistencia nerviosa, que además mejora con los años, envejece bien. Sin embargo, tiene una fuerte propensión a la artritis, al reuma y, en general, a enfermedades de los huesos.

Es emotivo, pero se controla; es violento, pero se reprime. Ese temperamento hace que sea a menudo víctima de lo que Conrad Moriquand denomina los humores crasos de Capricornio: eczemas, herpes, psoriasis, urticaria, sabañones, etc. En su piel, seca y delicada, se manifiestan sus variaciones de humor.

Pero es mejor que tenga esa vía de escape, que le libera de sus tensiones internas, pues en otro caso correría el peligro de contraer enfermedades mucho más graves, generalmente de tipo intestinal.

El nativo de este signo es propenso a la lentitud en los cambios fisiológicos. Si lleva una vida sedentaria, su organismo se anquilosa, no tarda en autointoxicarse y aparecen la esclerosis y los trastornos circulatorios.

La tradición le atribuye un punto débil: las rodillas. Y, de hecho, tiene más tendencia que los nacidos en otros signos a herírselas, a los derrames sinoviales y al reumatismo.

La paradoja de Capricornio es que su organismo envejece prematuramente, pero en cambio sabe administrar cada vez mejor sus energías: es su manera de burlar la muerte.

Capricornio no es un hipocondríaco como pueda serlo el nativo de Cáncer. Lo es en segundo grado, porque tiene tanto miedo a la enfermedad que prefiere hacer como el avestruz, negarse a ir al médico por temor a que le diagnostiquen algo grave.

Ante una verdadera enfermedad, o bien lucha denodadamente para recuperar la salud, o bien se entrega a ella totalmente desanimado. Tiene inclinación a tratar despectivamente sus pequeñas dolencias.

Conoce bastante bien sus límites y sabe organizar su actividad en función de ellos. Pero cuando se ve obligado a una vida profesional sobrecargada, comienza poco a poco a excederse. Sobreestima su resistencia nerviosa y cuando cae es el primero en sorprenderse y en enfadarse, además, pues no se concede el derecho a estar enfermo.

Debe, por tanto, seguir su propio ritmo y darse de vez en cuando un poco de reposo o, en su defecto, cambiar de actividad. Le conviene pasear, preferentemente por el campo. Como todos los nativos de signos terrestres, necesita estar en contacto con la naturaleza y llevar una vida sencilla. Cuanto más «siga» al Sol, levantándose y acostándose con él, mejor se encontrará.

Debe beber mucha agua y comer queso, que es rico en calcio (sobre todo el de cabra). No le conviene abusar de las verduras crudas, porque sus intestinos no soportan un exceso de celulosa, tampoco de los alimentos grasos ni, en general, de nada indigesto.

El repollo y la col lombarda están muy indicados para él, así como el pomelo, las cerezas y todas las frutas que favorezcan la eliminación de residuos. Un tazón de caldo de apio cada día y un poco de gimnasia cotidiana harán milagros con su salud.

Es muy importante que no descuide el ejercicio físico, para que no se anquilosen sus articulaciones y para activar la circulación sanguínea. Su remedio homeopático es la Calcárea phosporica.