La mujer Capricornio

La mujer Capricornio tiene más encanto que belleza, aunque haya nativas del signo dotadas de un raro poder de seducción, como Ava Gardner y Marlene Dietrich. Tiene una elegancia natural, la frente alta, la mirada un poco distante, imperiosa cuando se enfada, o animada por una pasión silenciosa que puede fulminar a quien mire.

Prefiere hablar con los ojos antes que recurrir a las palabras. A menudo sus pómulos altos dan realce al rostro, un poco alargado y de nariz pequeña.

Aunque la diferenciación de los dos tipos de Capricornio es menos marcada en la mujer que en el hombre, se puede distinguir a la Capricornio de rasgos finos, nariz larga y porte aristocrático y la de aspecto más enérgico, con las facciones marcadas y la nariz corta y respingona.

Lo que siempre distingue a la mujer Capricornio es el surco profundo que muy pronto se le forma en cada lado de la boca. Tiene por otra parte un rostro extremadamente móvil, muy expresivo, que no sabe disimular la tristeza ni la alegría.

Envejece bien; a veces parece más joven, más plena, después de los cuarenta años que a los veinte: en la madurez se serena y comienza a adquirir confianza en sí misma, a perder alguno de sus arraigados complejos. La mujer Capricornio duda de su encanto más que cualquier otra y siempre se cree más fea de lo que es: cree que es lúcida, cuando en realidad sólo es severa consigo misma.

Es orgullosa y quiere que la amen por lo que es, sin recurrir a los artificios; hay que entender, en este rasgo, un rechazo al engaño y una extremada exigencia.

La mujer Capricornio es sólida y estable: siempre se puede contar con ella. Quizá su peor defecto consista en que no sabe jugar: se toma todo al pie de la letra. Cree en la sinceridad de los demás y procura no hacer trampas en ninguna circunstancia.

Nada le repugna más que la mentira. Experimenta cóleras de una violencia extrema si juegan con sus sentimientos o se niegan a creer lo que dice, unas cóleras que no se manifiestan exteriormente, pero que están profundamente enraizadas en su alma. Nunca olvida una injuria o una injusticia.

Percibe intensamente las cosas, incluso mucho después de haberlas vivido. Se le reprocha que es demasiado seria, que no sabe divertirse, que desconoce el placer de la frivolidad.

La mujer Capricornio

Irina Shayk es del signo Capricornio.

Cuando asiste a una fiesta, se mantiene distante de lo que pasa a su alrededor y le cuesta participar verdaderamente en la diversión. No puede evitar observar a los demás, sin enjuiciarlos, pero percibiendo la menor nota falsa, la mínima disonancia.

El humor la salva en muchas situaciones: le sirve para defenderse de una sensibilidad exagerada, a veces casi enfermiza. En eso difiere profundamente del hombre del signo.

Asimismo se muestra mucho más expansiva, más conversadora, menos insociable que él y se relaciona con mayor facilidad, sobre todo con la gente sencilla y sin pretensiones. Su horror por lo mundano va aparejado a su amor por la intimidad. Le gustan las conversaciones de persona a persona, las confidencias y cierta complicidad con los demás.

Tanto el hombre como la mujer del signo tienen en común esa sencillez, esa enorme naturalidad que a veces hace que los otros se sientan incómodos con ellos. Sin embargo, su espontaneidad no excluye la diplomacia.

Como el hombre del mismo signo, la mujer se pasa la vida tratando de superar las frustraciones que siente y tratando por todos los medios de que la quieran. De ahí que busque, a veces con demasiado empeño, ser indispensable.

Hace demasiado por los demás, les agobia con su buena voluntad y sus atenciones. Pero si no hace todo lo que está a su alcance se siente culpable y cae enferma. Debe luchar contra ese aspecto de su naturaleza.